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Carrusel de imágenes presentando Navarra

Historias premiadas

Un escenario incomparable

Desde el precioso pueblo de Ochagavía, y siguiendo una sinuosa carretera, llegamos a la selva de Irati. Este es un lugar para el deleite de todos los sentidos, en él naturaleza e historia humana se entrelazan continuamente. Al andar entre sus hayas y abetos puedes imaginar a bandidos y salteadores de la edad media escondidos entre la maleza, contrabandistas cargando pesados sacos, mineros y carboneros trabajando de sol a sol y a grupos de maquis, alerta, camuflados entre los helechos. La selva de Irati, siempre fue refugio y trabajo para muchos. Ahora, en cierto modo sigue siendo un refugio donde, por unas horas, puedes olvidarte del resto del mundo.

En el interior del bosque reina el silencio, sólo roto por la fuerza del agua del río Irati que discurre incesante. Sus aguas turquesas y frías saltan de roca en roca y forman preciosas cascadas a su paso. La orilla del río, salpicada de grandes rocas milenarias, te invita a sentarte y, durante unos minutos, no hacer otra cosa que ver, oír y sentir la naturaleza que se muestra tan exuberante en este lugar. Los colores se entremezclan de una manera magistral, imposible para el mejor de los pintores, verde, marrón, gris y turquesa combinados para crear un escenario incomparable.

Hay sitios en los que las hayas, tan altas y numerosas, apenas dejan pasar la luz del sol, creando un baile de sombras majestuoso, ralentizando el tiempo, haciendo casi que se pare por completo para enseñarte que cada segundo es único.

Si dejas volar la imaginación quizá puedas ver a las lamias, sentadas en la orilla del río peinando sus largos cabellos con un peine de oro, o al señor del bosque, Basajaun, paseándose por sus dominios. Todo es posible en este bosque milenario, tumba de tantos secretos, cuna de tanta vida.