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Carrusel de imágenes presentando Navarra

Historias premiadas

Pamplona, un lugar en el camino

Pamplona, “un lugar en el camino”, así la citó el geógrafo griego Estrabón varias décadas antes de la era cristiana, lugar elegido por mis padres para que yo llegase al mundo. Mis padres, a los cuales esta ciudad les arropó propiciando el desarrollo de una nueva familia navarra, me han ayudado a descubrir y ahondar los bellos rincones y recorridos que el Reino de Navarra ofrece para contemplar, respirar, degustar y gozar.

Nunca podría resumir en estas pocas líneas todas las maravillas que encierra esta comunidad, pero sin duda, una de las rutas más seductoras por la belleza que emana, es el Camino de Santiago, a su paso por Luzaide/Valcarlos.

Este pueblecito, encajonado entre montañas, al otro lado de los pirineos, el día que tuve el placer de conocerlo, me hizo centrar la atención en su puente de piedra. Lo atravesé emulando al pretendiente carlista al trono de España, que en 1876, lo recorría en sentido inverso al mío, con el fin de abandonar el país.

Continuando mi ruta, en lo alto del puerto de Ibañeta, observé cómo asomaba la nueva ermita de San Salvador y el monolito a Roldán. Cuando llegué a lo alto, cerré los ojos, y el viento parecía susurrarme la batalla que allí tuvo lugar entre las tropas de Carlomagno, mandadas por Roldán, y los vascones.

En el descenso, me encontré con la maravilla de la Colegiata de Roncesvalles, que guarda en su museo, uno de los tesoros más importantes de la esmaltaría medieval Navarra, el Ajedrez de Carlomagno. Cuenta la leyenda, que el emperador jugaba con él, mientras moría Roldán. En mi opinión, una joya para la vista del siglo XIV.

No quise continuar el viaje, porque ese lugar requería su tiempo para poder estrujar todo su jugo. Allí me quedé, hasta la hora en la que la Colegiata “debía descansar” para que al día siguiente, pudiera ofrecer en todo su esplendor, el tesoro encofrado que allí se encuentra. La capilla del Espíritu Santo, la iglesia gótica de Santiago, la tumba de Sancho el Fuerte y muchos rincones más completan la belleza e historia de Roncesvalles, e invitan a próximos peregrinos a disfrutar tanto de lo que es como de lo que fue.