Saltar navegación e ir al contenido

Carrusel de imágenes presentando Navarra

Historias premiadas

Maravillas naturales

Empezamos a finales de enero una excursión por Leitza para conocer sus carnavales rurales y para transitar por la Vía Verde del Plazaola, y así compaginar cultura y deporte. Aprovechamos a continuación para visitar el denso bosque de Leitzalarrea y quedarnos hechizados por la magia de unos árboles tan colosales que parecían pelearse entre ellos por ver quién era más alto. Cobraban sentido las palabras que oía de pequeña: Guk botako zaitugu eta barkatu iguzu (Nosotros te derribaremos y perdónanos).

Tras visitar el menhir de Iruñarri y reponer fuerzas en una de las sidrerías de los alrededores, nos acercamos al valle de Basaburua para visitar los robles de Jauntsarats; estos, a diferencia de los de la mañana, competían por la robustez. Ahí estaban unos ejemplares anchos, firmes y poderosos, ajenos al paso del tiempo; nosotros, a su lado, meras criaturillas. Nunca antes me había fijado, pero me di cuenta de que los árboles eran monumentos vivos … que susurraban.

En efecto, los árboles se expresan, y en Navarra más, dada la importancia que ha tenido el bosque en esta tierra; sino, no hay más que fijarse -en las ferias de artesanía que por doquier se celebran por aquí- en todos los utensilios elaborados con su madera; obsérvese también cómo sus troncos servían de transporte a los almadieros del valle de Roncal y cómo se extraía el carbón de los bosques navarros; me acordaba de la película Tasio, de Montxo Armendariz, rodada en la magnífica sierra de Urbasa-Andía.

Para completar el fin de semana, y después de visitar el Santuario de San Miguel de Aralar, del siglo XII, vimos en sus entrañas otro monumento natural. Si parece lejano el siglo XII, las cuevas de Mendukilo están desde siempre, aunque se abrieran al público hace pocos años. “Si en Huelva está la gruta de las maravillas, (chi)quillo, en Larraun las cuevas de Mendukilo”. Luego comimos donde lo hacía el propio Hemingway cuando visitaba los Sanfermines y se alojaba en el corazón del valle de Larraun, en Lekunberri. A la noche, y después de tanto ajetreo, sólo quedaba soñar con la próxima excursión al Reyno de Navarra.

Gane un fin de semana gratis en Navarra