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Carrusel de imágenes presentando Navarra

Historias premiadas

Es-cultura navarra

Siempre que puedo me escapo a Navarra. La tengo cerca, y como un gran amor juvenil, su llamada es constante. En anteriores citas ya he podido contemplar su fisonomía; desde la cabeza a los pies, desde la Mesa de los Tres Reyes hasta Monjardín, montañas ambas embriagadas de historia; la primera, zona de los Pirineos (más de 2.000 metros) que delimitaba los tres antiguos reinos de Navarra, Aragón y Francia. La segunda, con un castillo en un promontorio de 900 metros que dominaba el valle del Ega sobre el pueblo de Villamayor, el de las cuatro mentiras, ya que ni es villa, ni es mayor, ni tiene monjas ni tampoco jardín. Entre ambos, otros puntos de su fisonomía como los bosques encantados de Urbasa-Andía, los encantadores de Leitzalarrea, los hayedos de Irati o Quinto Real, el santuario de Aralar, el Señorío de Bertiz, los paisajes lunares de las Bardenas, las foces de Lumbier y Arbayún, etc. ocupan ya un lugar preferente en mi corazón.

Tras el primer flechazo, y tras descubrir su belleza exterior, ahora estoy consolidando la relación a través del arte en general y de la escultura en particular. Destacable el arte navarro, sí, sobre todo el románico, pero estoy escudriñando la escultura navarra contemporánea y no dejo de maravillarme. Así, según he podido observar, por toda la geografía navarra podemos contemplar esculturas de artistas de renombre internacional, navarros como Anda, Aizkorbe, Ciriza, Eslava, Muro, Clemente Ochoa, Santxotena, Ulibarrena, etc. y otros que han dejado huella en Navarra como el belga Henri Lenaerts y sobre todo el polifacético Jorge Oteiza cuya obra puede admirarse en lugares de Pamplona y Elizondo y cuyo museo se ubica en la magnífica atalaya que es el concejo de Alzuza.

Mi última incursión recorriendo el territorio navarro ha sido, nuevamente, del Norte al Sur, desde el parque de las estelas en Abaurrea Alta hasta el parque de la memoria en Sartaguda con obras de Anda, Basterrechea y Ulibarrena. Por el camino, otros curiosos y originales lugares como el parque de piedras Peru-harri en Leitza, el de las calaveras en Estella, el parque museo al aire libre del agote Santxotena, la exposición permanente del Señorío de Bertiz o las esculturas de Ciriza repartidas a lo largo de la autovía del Camino de Santiago que seguramente tiene en Navarra su trazado más variado. Todo al aire libre... y puro. Si además podemos contemplar obras en plena naturaleza, como las de José Ramón Anda en Urbasa, la de Ulibarrena en Noain conmemorando la batalla que allí mismo aconteció, o la del genio Oteiza en Agiña, el deleite está asegurado. Como leí recientemente en una exposición en mi pueblo, es en contacto con la Naturaleza y con el arte cuando se da la explosión de color-vida-belleza. No por casualidad, la frase es de un navarro, el pintor Natxo Barberena.

Así, mi relación con Navarra, tierra de diversidad (nunca mejor dicho), está en su plenitud, y también mi liberación, porque como dice Paulo Coelho, "Sólo el amor nos permite escapar y transformar la esclavitud en libertad".