Propuestas turísticas


17 mar 08

La villa romana de Las Musas de Arellano le propone esta Semana Santa un viaje al mundo vinícola del siglo III d.C.

¿Sabía que los romanos envejecían el vino artificialmente con calor y humo en una estancia denominada fumarium? Si quiere conocer ésta y otras técnicas relacionadas con la producción del vino en los siglos I a III d.C., acérquese esta Semana Santa a la villa romana de Las Musas, situado en la localidad navarra de Arellano, cerca de Estella. Este importante yacimiento arqueológico acaba de ser transformado en un centro de interpretación que permitirá a los viajeros conocer la historia de esta villa rural que en el siglo IV d.C. se convirtió en un lugar religioso de culto a Cibeles y Attis. La villa abrirá del 19 al 30 de marzo, en horario de 10 a 19 horas, con entrada gratuita, al igual que las visitas guiadas, que se realizarán cada hora, a las horas en punto. El acceso recomendado es el siguiente: autovía Pamplona-Logroño, salida Arróniz, carretera a Allo, intersección en el kilómetro 3.



Mosaico en la Villa romana de Arellano

La villa romana de Arellano, conocida también como Villa de las Musas, está situada en el término municipal de Arellano, a 6,5 kilómetros del casco urbano. La existencia de este yacimiento arqueológico era conocida desde finales del siglo XIX, pero no fue hasta 1988 cuando comenzaron las excavaciones que han dejado al descubierto las estructuras actuales.

La recuperación de la villa romana de Arellano ha permitido conocer el devenir histórico de este lugar que, en los primeros tiempos del Imperio, se dedicó a la producción agropecuaria y contó con un completo sistema para la elaboración del vino.

Con el transcurso de los siglos acabó convertida en una lujosa residencia de campo de una familia de la aristocracia local.

El visitante que se acerque al yacimiento arqueológico de Arellano podrá distinguir los dos grandes momentos que vivió la villa: el que transcurrió entre los siglos I y III d.C y el que se vivió en los siglos IV y V d. C. Todas las ruinas, a excepción del Taurobolio y el establo, están cubiertas por un edificio construido recientemente que tiene por objeto proteger las estructuras arqueológicas de su exposición a la intemperie y facilitar a los visitantes la observación de la villa romana a través de un recorrido de pasarelas.

Las construcciones levantadas en los primeros siglos del Imperio ocupan el lado Norte y Este del edificio y están formadas por una serie de dependencias vinculadas a la producción del vino. Así, se puede contemplar el camino por el que se introducían las cargas de uva en las dependencias de prensado; el Torcularium o sala de prensas; las Plataformas de prensado; el Laci o lagares, donde se acumulaba el mosto temporalmente; el Fumarium o dependencia donde se envejecía el vino artificialmente a través del calor y del humo y la Bodega en semisótano, destinada a la conservación del vino en grandes tinajas o doliae, a la que se accede por una escalera. Completan el conjunto la cisterna o aljibe de suministro de agua, con una capacidad aproximada de 250 m3 y cubierta con doble bóveda soportada por pilares; y el cierre de la villa mediante un ancho muro con puerta de acceso y canales de drenaje.

En planta baja y en torno a un patio central se construyeron otras dependencias conservadas muy parcialmente, fundamentalmente de carácter residencial, que se sabe contaban con tabiquería de mampuesto y adobe, revocada y pintada. La cubrición general se hacía mediante teja plana.

Villa de culto a Cibeles y Attis

A partir del siglo IV d.C. la elaboración del vino cesa y la actividad principal de la villa es de tipo religioso, vinculada a los cultos a Attis y Cibeles, religión mistérica de tipo oriental. Las edificaciones que se conservan de esta época se ubican en el Sur y el Oeste del edificio. Entre las dependencias que pueden contemplarse destaca el Cubiculum o lecho del dueño con pavimento de mosaico parcialmente conservado "Cibeles recogiendo a Attis del río Sangarios"; el Oecus o gran salón de recepción de planta rectangular con exedra, también con pavimento de mosaico, cuyos emblemas representan escenas de la leyenda de Attis y Cibeles; el Museum o biblioteca, una habitación de plata octogonal, reconstruida, cuyo mosaico ("De las musas") se conserva en el Museo Arqueológico Nacional y Taurobolium, un gran espacio rectangular de 300 m2 situado en el extremo Este de la villa y que era el lugar donde se celebraban los ritos mistéricos. Está compuesto por un deambulatorio porticado en planta de U en torno a un patio en el que se hallaban dos aras para el culto. Las zonas de alojamiento para trabajadores de la villa y establo cierran el conjunto de estancias utilizadas en los siglos IV-V d.C.

De la mayor parte de las estructuras apenas se conservan las cimentaciones o zócalos. Únicamente en la zona de la bodega hay un alzado que ronda los dos metros.