Asi es Navarra

La Comunidad Foral de Navarra, cuya capital es Pamplona, tiene una superficie de 10.932 km², aproximadamente 160 km de norte a sur y 120 km de este a oeste en sus puntos más extremos, y una población de 640.000 habitantes, de los que alrededor de 200.000 viven en la capital.

En Navarra confluyen, caso único en España, tres regiones biogeográficas diferenciadas: la alpina, al noreste, la atlántica, al noroeste y la mediterránea al sur. Esta diversidad ha dibujado con el paso del tiempo una comunidad de paisajes y climas diversos, que a su vez han condicionado tanto el urbanismo y la arquitectura de los pueblos, como los productos de la tierra o el propio carácter de sus gentes.

A continuación distinguimos 4 zonas con personalidad propia, que presentamos de norte a sur.

* Mapa descargable

Valle de Roncal


LOS PIRINEOS

Ubicados al norte, son la zona verde por excelencia. Las altas cimas del este, en Belagua y Roncal, se van dulcificando a su paso por Aezkoa, Baztan o la Comarca del Bidasoa a medida que se aproximan al mar Cantábrico.

El viajero que se adentra en Roncal conocerá rincones como el valle de Belagua, de origen glaciar, o el extenso macizo kárstico de la Reserva Natural de Larra. Los ríos que nacen en los Pirineos, en su rápido descenso, han creado gargantas como las de Lumbier o Arbaiun. Hacia el oeste, el paisaje deja paso a impresionantes bosques como la Selva del Irati, Quinto Real o el Parque Natural de Bertiz, que en otoño y primavera alcanzan su esplendor.

El pintoresco valle de Baztan nos acerca a lugares emblemáticos como las cuevas de Urdazubi/Urdax o las  Zugarramurdi, cuyo pasado ligado a la brujería ha sido inmortalizado en el celuloide.

En el extremo occidental se extienden el Parque Natural de Urbasa-Andía,  tierra de pastores, simas y monumentos megalíticos, y la Sierra de Aralar, espacios muchos de ellos sorteados por la Vía Verde del Plazaola, una de las 4 existentes en la comunidad.

Bellos pueblos bien conservados salpican todo el Pirineo. Isaba, Ochagavía, Ziga, Etxalar, Lekunberri… son sólo algunos ejemplos. Sus rotundos caseríos de piedra son monumentos en sí mismos, y están al alcance de todos pues en muchas ocasiones prestan servicio de alojamiento rural. Allí te esperan gentes tranquilas, hospitalarias y reservadas.

Y aunque si algo destaca en este territorio son los paisajes, también existen interesantes monumentos que nos remiten a su historia y su pasado. Así la Colegiata de Roncesvalles, nos habla del Camino de Santiago, que entra a Navarra pocos kilómetros antes, y el santuario románico de San Miguel de Aralar hace lo propio, sobre los mitos y leyendas, que forman parte de la idiosincrasia del Pirineo.

La gastronomía es rotunda y sabrosa. Carnes de caza, chuletón y trucha asalmonada, derivados lácteos como la cuajada o el queso de DO Roncal e Idiazábal, los canutillos, setas y frutos del bosque, sidra y licores como el oriundo pacharán, son algunos de los manjares pirenaicos.


 

Pamplona

LA CUENCA DE PAMPLONA

A los pies del Pirineo se encuentra Pamplona, ciudad verde y fortificada. Grandes y hermosos parques y jardines bordean su casco antiguo, muy bien conservado y peatonal casi en su totalidad. Éste invita a perderse y al callejeo y no podrás abandonarlo sin probar los deliciosos pinchos que ofrecen la multitud de bares que encontrarás a tu paso. Si decides sentarte a la mesa, podrás degustar cualquier plato típico de Navarra y te aseguramos que comerás bien.

En esta parte de la ciudad se encuentran los monumentos más relevantes: la Catedral de Santa María, cuyo claustro es una obra maestra del gótico francés, las iglesias-fortaleza de San Saturnino y San Nicolás o la Cámara de Comptos. Rodeando el casco viejo, el conjunto amurallado medieval está declarado como Monumento Nacional.

Mundialmente conocida por los Sanfermines, podrás aprovechar para conocer las calles que toros y mozos corren durante el encierro cada día entre el 7 y el 14 de julio, o visitar la capilla de San Fermín, ubicada en la iglesia de San Lorenzo.

Asimismo, cargado de historia y peregrinos fluye el Camino de Santiago, que atraviesa la ciudad de este a sur, partiendo del puente medieval de la Magdalena y despareciendo por la Ciudadela y el Campus universitario.

Si te apetece una escapada verde en la misma Pamplona existen varios parques con estilos diferenciados: el parque japonés de Yamaguchi, el afrancesado de la Taconera, el amurallado de la Ciudadela, el romántico de la Media Luna o el propio Campus de la Universidad de Navarra, centro educativo y sanitario de prestigio internacional.

Y otra opción para recorrer andando o en bici a lo largo de 24 km, es el encantador Paseo Fluvial del río Arga. Ubicado a los pies de la muralla, irás descubriendo puentes medievales y modernos, pescadores, piraguas y fauna diversa, espacios para el deporte y ocio infantil, merenderos, huertas… Un contrapunto relajante y visual que te hará desconectar del ajetreo de la ciudad.

Para hacerse una idea del patrimonio de Navarra desde la prehistoria hasta nuestros días, no pueden faltar una visita al Museo de Navarra y otra al Museo de la Universidad de Navarra, una joya arquitectónica de espacios y volúmenes.

Y para finalizar, no dejes de visitar en Alzuza, a 10 minutos de Pamplona, el museo que alberga la colección personal de Jorge Oteiza, uno de los creadores más significativos de la escultura del siglo XX.


 

Viñedos de la Zona Media
LA ZONA MEDIA

En la transición hacia al sur, la Zona Media es sinónimo de historia. Pueblos-fortaleza, murallas, castillos y palacios emergen orgullosos entre las suaves colinas, los viñedos y los campos de cereal que caracterizan este territorio.

Utilizando como hilo conductor el Camino de Santiago, que la atraviesa de este a oeste, nos encontramos en primer lugar con Sangüesa, conocida por la excepcional portada románica de la iglesia de Santa María la Real. En sus cercanías el monasterio benedictino de Leyre, donde todavía se pueden escuchar los cantos gregorianos, y el Castillo de Javier, cuna del patrón de la comunidad.

Y a poca distancia, Olite, bonito pueblo conocido por su esbelto palacio gótico y Ujué, un pueblo medieval construido sobre una colina coronada por la impresionante iglesia-fortaleza de Santa María.

Tras atravesar la Valdorba, en la que podemos disfrutar del románico más rural, llegaremos al cerco amurallado de Artajona y a la enigmática iglesia octogonal de Santa María de Eunate. Y en las proximidades, Puente la Reina, allí donde convergen los 2 ramales de la Ruta Jacobea, que tras atravesar la calle mayor abandona el pueblo por un elegante puente románico.

Enfilando ya hacia tierras riojanas, llegamos a Estella-Lizarra, ciudad histórica en la que el trajín de los peregrinos es una constante. El claustro de San Pedro de la Rúa, las portadas de San Miguel y del Santo Sepulcro o el palacio de los Reyes de Navarra son algunos de los ejemplos de arquitectura románica que nos encontraremos en sus animadas calles.

En el entorno cercano, dos monasterios dignos de visita, el de Iratxe y el de Irantzu, este último inmerso en plena Sierra de Urbasa, donde también son protagonistas las hermosas aguas turquesas del Nacedero del Urederra. Y para finalizar este recorrido histórico, otros pueblos con iglesias destacables como son Los Arcos, Torres del Río y Viana.

Para darle un gusto al paladar no dejes de probar el gorrín asado, las afamadas pochas de Sangüesa, la apreciada trufa  y los dulces varios que maridarás con vinos de tradición y embriagadores moscateles.

 
 

Laguna de Pitillas
LA RIBERA

La Ribera es alegre y abierta. Un territorio de llanuras con sotos poblados de álamos, sauces y chopos y con el espectacular Parque Natural de Las Bardenas Reales, un semidesierto de apariencia lunar caracterizado por llanos, cerros y barrancos.

Tudela, la capital ribera, fue fundada por los árabes en el siglo IX y la comunidad judía que allí vivió fue cuna de poetas, filósofos y viajeros. Su joya monumental es la catedral, erigida sobre una antigua mezquita, en la que destacan la preciosa portada románica del Juicio Final, el claustro ronánico y la capilla barroca de Santa Ana, patrona de la ciudad.

Visitas obligadas en la Ribera son también el monasterio cisterciense de La Oliva, así como el de Fitero o Tulebras. La localidad de Corella, con sus palacios barrocos y renacentistas o la agradable Vía Verde del Tarazonica son asimismo opciones interesantes.

No olvides que estás en el reyno de las verduras. La tradición hortícola de esta tierra nos brinda productos de fama internacional como los pimientos del Piquillo, los cogollos de Tudela, los espárragos o las alcachofas; algunas de ellas protagonistas del plato estrella, la menestra de verduras.

Un broche de oro a un abanico de colores, olores, sabores y gentes diversas que seguro que te harán disfrutar y recordar...

Para  consultas específicas de zonas, aconsejamos contactar con las Oficinas de Turismo.