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Nuestras casas

La gran variedad de paisajes y climas de nuestra región, en la que en apenas 100 km pasamos de las cumbres pirenaicas hasta el semidesierto de las Bardenas Reales, hace que nuestras viviendas cambien rotundamente de norte a sur.

La casa del norte, ubicada en el Pirineo, emerge entre el verde paisaje de forma aislada o integrada en pequeños pueblos. Está preparada para el clima duro y los fríos invernales y sus gruesos muros de piedra entre los que asoman pequeños vanos han forjado caracteres más introvertidos.  Si nos trasladamos al sur, la vivienda de la cuenca del Ebro en la que el clima es más benigno y las gentes más abiertas, está construida en ladrillo o tierra cocida.

A pesar de sus diferencias todas ellas nos ofrecen una experiencia única: contactar con esta naturaleza diversa, disfrutar de la tranquilidad y conocer desde dentro la cultura local.

Te ofrecemos a continuación unas breves pinceladas de las viviendas más típicas de Navarra:

Caseríos y casas de piedra: el norte de Navarra, de influencia pirenaica, está salpicado de bellas y pequeñas localidades con impresionantes viviendas de piedra, que pueden estar aisladas (los llamados caseríos o baserris) o asentarse alrededor de la iglesia o el río de su localidad.

Se trata de viviendas muy amplias con una distribución típica de planta baja que se utilizaba como cuadra para el ganado y los aperos de labranza, una primera planta noble que servía de vivienda y una segunda constituida por el desván o ganbara, donde se almacenaba la hierba seca, el maíz, etc. Blanqueadas o de piedra vista, este tipo de construcción se extiende también por numerosas localidades de la Zona Media.

Casas de ladrillo: en ocasiones combinadas con piedra, son típicas de la Ribera, y forman parte de pueblos más extensos. Es en esta zona, cercana al río Ebro, donde se han conservado algunas casas-cueva, excavadas en la roca aprovechando desniveles y acantilados, que han sido reconvertidas para su disfrute turístico.