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Pasión por el encierro

El encierro es el momento más internacional y reconocido de las Fiestas de San Fermín. El único instante del día en el que la fiesta se contiene, el corazón se acelera y la tensión invade el recorrido. Según Hemingway “un espectáculo capaz de hacer que uno se levante de la cama a las cinco y media de la mañana durante 8 días seguidos". Y podríamos añadir, “y de recorrer miles de kilómetros para poder participar en ellos”.

Y es que cada día entre el 7 y el 14 de julio, a las 8 de la mañana y tras los cánticos de los corredores ante la imagen del santo implorando su protección, 1 cohete que retumba en el corazón de todos los pamploneses, anuncia la apertura de los corrales de Santo Domingo.

En ese momento 6 toros acompañados por 6 cabestros salen en manada para recorrer tras los mozos los 825 metros que los separan del coso taurino de Pamplona en un tiempo aproximado de tres minutos. Ilusión, retos, tradición, promesas, devoción… son sólo algunos de los sentimientos que mueven a los corredores a lanzarse al recorrido adoquinado a jugársela, en algunos casos, cada uno de los 8 días.

La cuesta de Santo Domingo, la curva de la Estafeta o “el callejón” de entrada a la plaza de toros son algunos de los lugares que más cogidas y situaciones de angustia han generado a lo largo de la historia. Tensión que la mayoría de las veces se compensa con el respiro que da la entrada del último astado en los corrales de la plaza. Ese momento en el que sólo se escucha el aplauso emocionado de las 20.000 personas que presencian desde la plaza de toros el momento final del encierro de Pamplona.