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Valles siempre verdes

Toma aire y déjate seducir por los tesoros naturales que oculta cada uno de los valles del Pirineo de Navarra. Desde el valle del Roncal hasta el Parque Natural de Urbasa-Andia, atraviesa sin prisa los bellos parajes del norte de la comunidad: las foces de Lumbier y Arbaiun, la Selva de Irati, el valle de Baztan, el Señorío de Bertiz o la Sierra de Urbasa son sólo algunas de las opciones. En cualquier caso en todas gozan de un denominador común: el verde perenne de sus paisajes.

- Valles de Roncal y Salazar

Los ríos Eska y Salazar van vertebrando estos profundos valles, dando forma a los paisajes y sentido a tradiciones como las almadías o la trashumancia. Al norte de estas corrientes de agua nos encontramos el extenso valle de Balagua y el Karst de Larra, y al sur quedan encajonadas entre barrancos, las bellas foces de Lumbier y Arbaiun sobrevoladas por buitres leonados.
 
El valle de Roncal lo forman siete pueblos de personalidad única forjada a base de tradiciones ancestrales, naturaleza en estado puro y sabrosa gastronomía en la que destaca el queso que lleva su nombre. Y en el vecino valle de Salazar, Ochagavía puede presumir de ser bonita y además, ser la puerta de entrada al espectacular hayedo de la Selva de Irati.

- Orreaga/Roncesvalles y los valles de Erro, Esteribar y Aezkoa

Luzaide/Valcarlos da la bienvenida al Camino de Santiago francés en la frontera. Salvado el puerto de Ibañeta se alcanza Orreaga/Roncesvalles, considerado uno de los hitos fundamentales de la Navarra jacobea. La ruta continúa en los valles de Erro y Esteribar, perteneciendo al primero de ellos uno de los bosques más bellos de Navarra, Quinto Real, a cuyos pies se encuentra el embalse de Eugi. Más al este, en los pintorescos pueblos del valle de Aezkoa se conservan antiguos hórreos así como las ruinas de la Real fábrica de armas de Orbaitzeta.

- Baztan y Tierras del Bidasoa

El noroeste de Navarra, eternamente verde por la influencia del cercano mar Cantábrico, dibuja un conjunto de valles tranquilos que combinan naturaleza con tradición y que se dejan envolver por las leyendas sobre brujas y aquelarres de las cuevas de Zugarramurdi. El Parque Natural Señorío de Bertiz luce su exuberante vegetación a orillas del río Bidasoa y el paisaje aparece salpicado de bellos caseríos que en muchos casos se ofrecen como alojamientos rurales. La comarca de Malerreka, por su parte, atrapa al visitante con su rica tradición folclórica y famosos carnavales como los de Ituren y Zubieta.

- Sierra de Aralar y valles del Noroeste

La sierra de Aralar, paisaje kárstico  recorrido por multitud de senderos, nos permite descubrir tanto restos megalíticos como joyas románicas como el Santuario de San Miguel, desde el que se observan impactantes vistas. Su acceso tradicional se realiza desde el valle de Larraun, que posee otros tesoros escondidos: las cuevas de Mendukilo, la Vía Verde del Plazaola o el nacedero del Iribas, entre otros.

Cuando el circo de cumbres de Aralar caen en picado sobre el valle de Araitz, nos sorprende otra bella estampa, la de las Malloas. Más al norte, aparece el valle de Leitzaran, tierra de gran belleza y arraigadas tradiciones festivas, deportivas y gastronómicas. Y por último, en un lejano rincón de la geografía navarra, Goizueta, se esconde un remanso de naturaleza virgen: el embalse de Artikutza.


- Barranca y Sierras de Urbasa y Andía

Delimitada por la sierra de Aralar al norte y por las de Urbasa y Andía al sur, la Barranca o Sakana es una comarca privilegiada por haber sabido mantener sus tradiciones además de por la riqueza natural de montes como el Beriain-San Donato, recubierto de hayas y robles. A sus pies, el Parque natural de Urbasa Andía, que combina armoniosamente paisajes de prados y hayedos y que se caracteriza por las simas y grietas de sus entrañas. El Nacedero del Urederra, por su parte, da salida en una bonita cascada a sus aguas subterráneas. Y las Améscoas, acogen una variada y valiosa riqueza natural, histórica y cultural, y limitan al sur con la escarpada sierra de Lokiz, de pendientes vertiginosas. Muy cerca, el cisterciense monasterio de Irantzu se alza grandioso en el valle de Yerri.