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12 Nov 13

La Ciudadela, mucho más que el pulmón verde de Pamplona

Una de las visitas más recomendables en Pamplona es la Ciudadela, no sólo porque se trata de un pulmón verde de 280.000 metros cuadrados sino porque el visitante puede descubrir el pasado de la capital navarra como plaza fortificada. Cuando se cumplen 200 años de la rendición de la ciudad en la Guerra de la Independencia, recorrer sus baluartes, revellines, fortificaciones o glacis es imaginarse las batallas que libraron los soldados ingleses y franceses para hacerse con el control de Pamplona. Hoy en día, las murallas que fueron testigos de episodios militares históricos se han convertido en uno de los lugares de ocio, deporte y cultura preferidos por los pamploneses.



¿Sabía que la Ciudadela de Pamplona se inspiró en el sofisticado sistema defensivo existente en la ciudad belga de Amberes en el siglo XVI? Su artífice fue el ingeniero militar Giacomo Palearo, llamado el Fratín, quien en 1571 recibió la orden del rey Felipe II de levantar una fortificación para hacer frente a las constantes incursiones del ejército francés. La estructura original tenía forma de pentágono regular con cinco baluartes en los ángulos, pero la construcción del Primer Ensanche de la ciudad obligó al derribo de dos de ellos.

En el siglo XVIII el recinto se rodeó con un conjunto de contraguardias, caminos cubiertos, medias lunas y escarpas. Llegó a convertirse en cárcel y tras sus rejas permanecieron algún tiempo personajes de la talla del ministro Urquijo o el conde de Floridablanca. Fue tomada una sola vez, en 1808. Aprovechando una gran nevada, el ejército francés ocupó la fortificación tras desviar la atención de los soldados españoles con lanzamientos de bolas de nieve. Cuatro años más tarde, en 1813, los liberales españoles y las tropas inglesas del general Wellington liberaron la ciudad de manos de los franceses, una intervención que supuso uno de los últimos episodios de la Guerra de la Independencia. En el siglo XX, en el año 1964, la Ciudadela fue entregada al Ayuntamiento, que se encargaría más adelante de su remodelación y le dio un uso público.

La Ciudadela cuenta con cinco puertas, aunque las más transitadas son la entrada principal de la Avenida del Ejército y la Puerta del Socorro, a la que se accede por la Vuelta del Castillo, atravesando un puente sobre fosos que en su día fue levadizo. Una vez en el interior, el visitante puede recorrer los senderos que atraviesan este gran parque público de 280.000 metros cuadrados, descansar en los bancos de su plazoleta central o disfrutar de las obras de famosos escultores como Jorge Oteiza, Néstor Basterretxea, Vicente Larrea o Alberto Eslava.

Un espacio de arte y cultura

Uno de los grandes atractivos de la Ciudadela es que combina perfectamente su uso recreativo con su faceta de recinto cultural. Los antiguos edificios militares que la componen (el Polvorín, el Pabellón de Mixtos, el Horno y la Sala de Armas) acogen durante el año exposiciones y muestras culturales de arte, sobre todo, contemporáneo. Y en verano, la Ciudadela se llena de vida gracias a la variada oferta de eventos culturales y artísticos que alberga.

Entre los más multitudinarios se encuentran el lanzamiento de fuegos artificiales que todas las noches de San Fermín congrega a miles de pamploneses en la Ciudadela. Ya en agosto y septiembre, las propuestas para disfrutar del verano son variadas, desde conciertos, espectáculos de danza o recorridos por las murallas iluminadas con velas hasta eventos gastronómicos como catas de vino o degustaciones de pinchos elaborados. También se realizan actos culturales y recreaciones como la que tuvo lugar en octubre pasado, en la que decenas de figurantes representaron la batalla, sitio de la ciudad y capitulación de las tropas francesas del 31 de octubre de 1813.

Las fortificaciones de Pamplona

La Ciudadela no es la única fortificación que conserva Pamplona. El Fortín de San Bartolomé y los Frentes Rochapea-Taconera completan los emblemas defensivos de la ciudad y constituyen, al mismo tiempo, dos preciosos rincones en los que perderse y disfrutar de sus vistas. Una forma inmejorable de descubrir el sistema defensivo en su totalidad es acercarse al Centro de Interpretación de las Fortificaciones de Pamplona, en el Fortín de San Bartolomé, al final del parque de la Media Luna muy cerca de la plaza de toros y del frontón Labrit. Se trata de un espacio que se sirve de las nuevas tecnologías para mostrar al público la evolución de la muralla y los siglos de estrategia defensiva, de vidas y acontecimientos de esta plaza fuerte.

Otra opción es hacerlo a pie de muralla. Junto al Centro de Interpretación se sitúa un ascensor que baja al paseo fluvial del Arga y que es buen punto de partida para admirar las murallas desde otra perspectiva. Además, es un agradable paseo que discurre entre huertas y cercados de caballos, y cuyo trayecto alberga el Molino de Caparroso y el puente de la Magdalena (XII).

También se pueden aprovechar las visitas guiadas que se organizan en torno a las murallas. Los jueves, viernes y sábados de noviembre se podrán visitar las obras de restauración del Baluarte del Labrit (reservas en el 010 ó en el 948 420 100) y durante el puente de la Constitución se ofrecerán visitas nocturnas a las murallas (reservas en el Centro de Interpretación 948 21 15 54).