Convertí el Castillo de Olite en mi hogar y desde allí goberné un próspero y pacífico Reyno de Navarra.
Nací en Mantes-la-Jolie en 1361 y pertenecí a la dinastía francesa Evreux a cuya influencia debo el gusto por lo francés y el desarrollo de mi imaginación. No me he presentado, mi nombre es Carlos III, y hace años me apodaron “el Noble”, algo que por estas tierras significa bueno y honrado. No seré yo quien diga si hago honor a mi nombre, pero sí que puedo afirmar que amaba mi tierra. Hace ya unos cuantos siglos que tuve el privilegio de gobernar y de vivir en Navarra.
Abordé una política acorde con mis recursos y posibilidades, estableciendo relaciones amistosas con otros reyes, impulsando uniones como la de 1423 por la que se fundó Pamplona, y promoviendo el arte y edificaciones como la catedral de Pamplona o los palacios de Tafalla y Olite. Precisamente en este bello pueblo instauré mi corte. Allí residíamos mi esposa, Leonor de Trastámara y yo, en el palacio gótico más importante de Navarra y probablemente de toda Europa.
Aún veo la elegante y esbelta silueta de unas torres palaciegas salpicadas por tejados de pizarra que me anuncian la llegada a Olite, capital medieval del Reyno por excelencia. Allí reconozco mi hogar, un palacio que yo mismo mandé construir atrayendo a mi corte a los maestros europeos más prestigiosos de la época, que con desbordante fantasía impregnaron al complejo de los trazos del gótico francés. Desde la lejanía, llama la atención el desorden arquitectónico que demuestra en su diseño. Esto se debe a que su construcción nunca se contempló como un “conjunto” completo, sino que se fue ampliando entre el siglo XIV y principios del siglo XV.
Siempre viví pensado en mi bienestar, no tuve aspiración militar alguna ni las guerras entraban dentro de mis planes. El palacio de Olite fue erigido dando prioridad a los fines residenciales, haciendo de él sede real para posteriores Reyes. En él pude dar rienda suelta a mis excentricidades trayendo a “casa” animales tan exóticos como leones, jirafas o búfalos. Entre toda esta fauna, cuanto menos curiosa, también pude gozar de auténticos jardines colgantes tropicales por los muros, haciendo de él un lugar increíble para vivir y visitar. Y es que en mi palacio celebrábamos auténticas fiestas medievales con todas las cortes reales europeas, en las que no faltaba la comida en abundancia ni el buen vino. Allí contábamos con la compañía de magos, juglares, halconeros y arqueros, que me consta que a día de hoy vuelven a Olite cada mes de agosto para celebrar las fiestas Medievales.
El palacio de Olite es hoy monumento nacional y es visitada por miles de turistas durante todo el año; yo mismo suelo volver, sin que nadie me vea, para seguir admirando ésta mi morada. Un incendio del siglo XIX arrasó las lujosas estancias que yo habité, pero aún puedo contemplar retales de aquella majestuosidad. Me siento en un rincón de mi habitación llamada “Cámara del Rey”, paseo por el jardín viejo, antaño poblado de naranjos, y en el jardín de la morera me complace acariciar este viejo árbol que yo mismo planté y que hoy tiene ya cerca de 600 años.
Me acerco a la “Sala de los Arcos” donde siempre hay algún turista admirado por la obra que mandé construir para sostener el jardín colgante de la reina. Pero sin duda, el mayor placer para mí es subir a las torres. Escaleras de caracol ascienden a un mundo increíble de panorámicas y secretos. La Torre del Homenaje es la más alta. En la de las Tres Coronas recuerdo a los niños jugando y riendo alegres. Y por último, la de los 4 vientos, desde la que tantas veces contemplé los torneos. Parece que aún hoy puedo escuchar el alboroto del gentío.
Mi amado palacio. Una obra que me llena de orgullo y cuyo reconocimiento ha quedado patente en muchas ocasiones desde hace ya varios siglos. Así, un viajero alemán del siglo XV escribió en su diario, que hoy se conserva en el British Museum de Londres: "Seguro estoy que no hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso y de tantas habitaciones doradas".
Información complementaria
Olite
Palacio de Olite
Olite, Ujué, Monasterio de la Oliva y la Valdorba
Centro de exposición de la viña y el vino de Navarra